Respuesta al artículo “Menores en riesgo” de Alfonso Ussía

1 10 2013

Estimado compañero Alfonso Ussía, le agradezco profundamente su escrito en defensa de los menores catalanes, a su juicio sometidos a favor de la cultura del folclore arriesgando sus propias vidas cada semana. Se agradece que un periodista de trayectoria reputada como la suya, que toda una personalidad en este mundo de la comunicación, dedique un ensayo a expresar sus miedos hacia la tradición castellera aún desde la distancia. Acepto sus duras palabras únicamente porque expresan la lógica y humana preocupación de quien desconoce el más mínimo de los detalles de la cultura de alzar torres humanas a los cuatro vientos.

Le invito a documentar su escrito y a volverlo a redactar en base al conocimiento de nuestra tradición. Por ello paso a detallarle algunos de los errores, lógicos por otra parte, que he hallado; y se los documento para que no tenga que perder su valioso tiempo en realizar una búsqueda que otros tenemos muy por la mano.

Usted dice que no soporta la utilización de los niños para cualquier fin, afirmación que comparto y que subraya una de las directrices de nuestra cultura: “los castells los hacen los niños”. Alto! Sé que puede parecer que me contradiga pero no es así. Este precepto dice que si un niño se echa atrás o no quiere subir nadie puede obligarle. Los niños participan en esta actividad de manera libre y sin coacción alguna. De hecho, en cualquier agrupación castellera podrá encontrar una gran cantidad de chiquillos que comparten risas y juegos pero que no se enfajan para escalar ninguno de los castells, por sencillos que estos puedan ser. Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad Autónoma de Barcelona, y con la colaboración del CAR de Sant Cugat analizó los niños de 30 formaciones durante los dos últimos años y indicó que “se situan en niveles muy altos en cuanto a valores como la diversión, la autoestima y la competencia.” También constató que “son autónomos al decidir practicar la actividad castellera y si desmontan o no un castell”. En lo relacionado a la ansiedad, los niveles que se detectaron se sitúan en la parte media de la escala, comparables con los detectados en otras actividades deportivas habituales (futbol, baloncesto, etc).

Antes de seguir mi escrito y adentrarme en sus afirmaciones sobre la seguridad me gustaría pasar a ofrecerle algunos datos que nos pueden ahorrar tiempo borrando de un plumazo algunas de sus sesgadas opiniones. La Coordinadora de Collas Castelleras de Catalunya (CCCC), la agrupación compuesta por la práctica mayoría de formaciones castelleras, ha dedicado muchos esfuerzos a estudiar los diferentes aspectos relativos a la seguridad de esta ancestral tradición. Anualmente se trabaja en relación a la seguridad activa y la pasiva, se realizan estudios y se impulsan nuevos proyectos. Pese al constante crecimiento cuantitativo de nuestra tradición, en los últimos 15 años se ha conseguido disminuir en un 50% el porcentaje de caídas. Actualmente éste se sitúa por debajo del 4% de las más de 7000 torres que se alzan cada año. Sabiendo que este argumento no será suficiente para usted, como no lo sería para mí por sí solo, paso a esgrimir un dato que muchas veces se pasa por alto. Según un estudio realizado por la CCCC cada mil horas de práctica castellera se producen 44 lesiones, contra las entre 50 y 500 (dependiendo del estudio) de la práctica del futbol, las 300 del baloncesto, las 410 del balonmano o las 650 que se producen en el ámbito escolar. Me ahorraré cualquier comentario porque podría resultar demagógico y no quiero que se malinterprete el peso de los datos científicos.

Comentado lo anterior, pasaré por alto calificativos como “riesgo evidente”, “bestialidad”, “jugarse la vida”, “castillo inhumano”, “degradación ética”, “delito no perseguido”, “imprudencia de insostenible defensa” o “víctimas”; porque, como comenté anteriormente, se derivan del desconocimiento del nivel de riesgo de las torres humanas. Sabiendo que se trata de una persona culta y formada, espero que los datos científicos aportados le animen a cambiar la idea pasional que se ha formado desde la distancia y que, como ya he comentado anteriormente, es lógica y humana por otra parte.

Antes de acabar me gustaría rebatir fervorosamente una afirmación que clama su falta de información. En su artículo afirma que “todos los años hay algún caso de fallecimiento por formar parte de ese castillo humano” a lo que añade “e inhumano”, lo cual ya ha sido argumentado más arriba. La práctica castellera se remonta a finales del siglo XVIII, en esos cerca de dos cientos cincuenta años hallamos tres fallecimientos documentados debido a la práctica de esta tradición. Me pregunto cuantas actividades folclóricas, festivas, deportivas o cuotidianas pueden presumir de datos como este.

Sin más, le invito a disfrutar de la tradición de alzar torres humanas, de cerca, en Catalunya. A lo que me ofrezco para guiarle por los recovecos de esta cultura reconocida bien inmaterial de la humanidad por la UNESCO. Una tradición que promueve una gran cantidad de valores que me gustaría que pudiera experimentar por usted mismo en lugar de enumerarlos en una ristra susceptible de infantil pataleta. Venga, conozca la tradición de cerca y luego revise su ensayo al respecto a través de los datos y las sensaciones.

En referencia a: 
http://www.larazon.es/detalle_movil/noticias/3627123/menores-en-riesgo#.UkqP84b0GLX

Documentación relativa:
http://www.cccc.cat/continguts/noticies/jornada-estudi-canalla-13_5261_46
http://www.cccc.cat/data/files/pdf/dossier%20risc%20castells%20gener%202011.pdf

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